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Borges y García Márquez en una muestra que propone un diálogo inédito entre coroneles

Hasta el 2 de octubre en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, se exhibe «Gabriel García Márquez: la creación de un escritor global». 

El manuscrito de una “crónica” inconclusa de Jorge Luis Borges, conocida como “Los Rivero”; y otro de “La casa de los Buendía, apuntes para una novela” de Gabriel García Márquez -ambos de 1950- dialogarán hasta el 2 de octubre en una exposición del Museo de Arte Moderno (MAM) que explora las similitudes entre ambas obras, que orbitan en torno a “un coronel, un linaje, una casa en decadencia y la visión de los perdedores” enumera el curador de la muestra, Álvaro Santana Acuña.

Agosto fue en Argentina un mes en el que la presencia de Borges «eclipsó» el resto de las actividades literarias. La excusa fue el aniversario del nacimiento del escritor, celebrado el 24 de agosto de 1899. Sin embargo, esta presencia permanente y circular alrededor del autor de «El Aleph» hace que su figura se sienta infinita como la esfera de su famoso cuento. La pasión por Borges no termina en Buenos Aires ni en Argentina sino que cruza todas las fronteras.

En este preciso momento (y hasta el 2 de octubre) en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México se exhibe la muestra «Gabriel García Márquez: la creación de un escritor global». Una exposición que recorre la vida del creador colombiano desde una mirada íntegra a su archivo personal y según el curador «señala momentos decisivos que lo convirtieron en el primer autor de lengua española más traducido del mundo».

Por este motivo puntual aparece el manuscrito poco conocido de «Los Rivero» y dos páginas de otro mecanuscrito de Borges, con correcciones a mano hechas por el escritor de la charla que dio en la Universidad de Texas en Austin en 1962 luego de recibir el Fomentor, «un premio que no solo catapulta a Borges, sino que permite descubrir a los escritores latinoamericanos. Por la importancia de Borges para la explosión del boom es que se exhibe este mecanuscrito», explica Santana-Acuña a Télam.

lvari Santana Acua el curador de la muestra en el museo de Ciudad de Mxico Foto Prensa
Álvari Santana Acuña, el curador de la muestra en el museo de Ciudad de México /Foto Prensa

El investigador, escritor y académico también fue el curador de esta muestra exhibida por primera vez en el 2020 en el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas en Austin, institución depositaria del archivo personal de García Márquez desde 2014. El Centro Harry Ransom es un archivo, biblioteca y museo que se especializa en la colección de artefactos literarios y culturales de las Américas y Europa con el fin de promover el estudio de las artes y las humanidades. Allí se encuentran, junto a los manuscritos de Borges, los de Faulkner, Hemingway y Virginia Woolf. También se alojan las pruebas de imprenta del «Ulises» de Joyce y escritos originales de Samuel Beckett, de Graham Greene y de otros muchos autores.

La idea central de Santana-Acuña es que la obra de García Márquez dialogue en esta muestra con distintos objetos de otros autores que tuvieron importancia en la escritura del autor de «Cien años de soledad».

Esta exposición mexicana sobre García Márquez tiene un gran acento argentino. Además del manuscrito de Borges, junto a los originales de «Mientras agonizo» de William Faulkner y «Los jardines de Kew» de Virginia Woolf, están las cartas con el famoso editor de Sudamericana (editorial en la que publicaba García Márquez) Francisco Porrúa. Hay páginas de Primera Plana, la revista en la que participaron como directores Tomás Eloy Martínez y Ernesto Schoo y un «long Play» editado en Argentina con la voz de Gabo leyendo fragmentos de «Cien años de soledad». Esta vez, por cuestiones de conservación, no se pudo trasladar (como sí sucedió en la exhibición de Austin) el mecanuscrito de «Rayuela» de Julio Cortázar.

El manuscrito de «Los Rivero», un texto inconcluso que aparentemente Borges escribió en 1950, es un objeto que llamó la atención del curador cuando lo encontró. Es una copia en limpio (no un borrador ni una primera escritura) del comienzo de una crónica. El hecho de que sea una copia en limpio les resta interés a algunos investigadores consultados porque no muestra la genética del texto. Dicen que la importancia del genotexto aparece cuando hay tachaduras y añadiduras, algo muy habitual en los manuscritos de Borges. En esa operación de escritura se ve el trabajo del escritor. Sin embargo, esta copia en limpio no tiene un título puesto por el autor, ya que fue nominada con el nombre bajo el que ha sido archivada en la universidad en que fue encontrada y reproducida en una fina edición en tapas duras de 100 ejemplares enumerados para bibliófilos: «Los Rivero».

La edición de Del centro editores» impresa en Madrid en el 2010 en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges tiene una nota introductoria de Julio Ortega, catedrático de la Brown University de los Estados Unidos y especialista en Literatura Latinoamericana. En una carpeta están impresas las cuatro páginas facsimilares.

Foto Prensa
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El manuscrito inédito permanece en la Universidad de Austin. No hay menciones ni testimonios de Borges ni de ninguno de sus allegados a esta obra en ninguna parte. Según los grafólogos que estudiaron «Los Rivero» está escrito alrededor de 1950, cuando el cuentista terminaba de escribir «El Aleph» y seis años después de su fundamental libro «Ficciones». Las características de este inédito se alejan por su temática y su escritura de la obra publicada.

«Borges llama ‘crónica’ a este relato inconcluso, que no llega a ser un cuento y que bien pudo haber sido la única novela del autor -plantea Ortega-. Tiene de la crónica el estilo enumerativo, incluso cierta distancia ante los hechos narrados; y discurre con el tiempo sumario del cuento, que baraja tránsitos y decepciones; pero de su drama familiar emerge la historia novelada de las fundaciones republicanas, o la novela de la historia de los desheredados de la patria que sus padres liberaron. El hecho es que crónica, cuento y novela se ceden la palabra, convocando sus distintos registros, memorias y proyecciones, como si los hechos no pudieran ser narrados en un solo género y en torno a un solo sujeto», precisa el investigador en la presentación de la edición facsimilar.

Santana-Acuña explica a Télam que «sin tener en cuenta la trayectoria posterior y anterior de Borges, la arquitectura de ese texto, la presencia de diferentes personajes, de diferentes generaciones, eventos históricos en el pasado y en el presente, invitan definitivamente a pensar que es un relato que podría tener un recorrido mucho más largo que un cuento. Por eso coincido con especialistas en la obra de Borges que plantean que en efecto ahí había un texto más largo: no sabemos si una novela corta o un cuento largo pero definitivamente hay una arquitectura literaria de gran calado y es difícil creer que iba a ser un relato corto».

La historia del texto trata el destino de los nietos del coronel Clemente Rivero que peleó como lancero en las guerras de la independencia americana. Estos nietos viven en la pobreza y en la marginación. «Son los descendientes de los fundadores de la República que han perdido la República. Viven en una melancolía amarga, viven en la memoria del héroe, del bien perdido, en un estado fantasmagórico, en el culto al pasado», señala Ortega. Una historia que no solo recuerda a «Cien años de soledad» sino a «El coronel no tiene quien le escriba», también del Premio Nobel colombiano.

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El texto manuscrito de «Los Rivero» comienza así: «Hacia 1905, la cancel de hierro forjado había cedido su lugar a una puerta de madera y cristales y bajo el llamador de bronce había un timbre eléctrico, ahora, pero en general la casa de los Rivero -con el zaguán oscuro, con los patios de baldosa colorada, con el aljibe inútil y con una higuera en el fondo- correspondía con suficiente rigor al arquetipo de casa vieja del barrio Sur, y el espectro del coronel Clemente Rivero (que murió, desterrado, en Montevideo, dos meses antes del pronunciamiento de Urquiza) lo habría identificado sin mayor dificultad».

Gracias a la magia de la literatura, el coronel Aureliano Buendía y el coronel Clemente Rivero dialogan hoy en una muestra mexicana: el diálogo tan postergado por cuestiones ideológicas entre los escritores lo tienen por fin sus personajes. Ellos saben que los coroneles han tenido quienes les escriban.

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