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JORGE PORCEL-TEATRO Y CINE, PAN Y CIRCO

Por Eduardo Marrazzi

Hasta 1978 sólo conocía a Jorge Porcel de verlo por televisión y por sus películas, casi siempre formando dúo con el inolvidable Alberto Olmedo. Ese año llegó a Quilmes con un espectáculo revisteril que se ofreció en el Teatro Cervantes de esta ciudad y lo entrevisté para el diario El Sol.

Mi primera nota para el diario EL SOL de Quilmes. Me hizo reír mucho.

A partir de entonces, nunca me negó una nota y durante años lo traté y me trató con mucho respeto, siempre en divertidas entrevistas. En la temporada de verano 1980-81 de Mar del Plata encabezaba la revista “No rompan las olas”, junto a Alberto Olmedo, Susana Giménez y Moria Casán (una de las mejores revistas que vi en mi vida).

Fui a ver la función de estreno con el fotógrafo Luis Gramajo, que me acompañó durante 60 días de cobertura en La Felíz. En uno de los cuadros, Porcel aparecía con una malla rayada, como las que se usaban en la playa en los años 20, con un baldecito, una palita y una pelota.

Esa sola imagen ya provocaba risas en la platea antes de que pronunciara una sola palabra. Lo ví y le dije a Luisito: -“Que lindo sería llevarlo a la playa así como está en el escenario y hacer una buena producción de fotos. Pero dicen que suele tener muy mal humor”.

En la temporada 1980-81, en Mar del Plata. Una entrevista y un almuerzo inolvidables.

El fotógrafo me respondió “Con intentarlo no perdemos nada. Vamos a los camarines cuando termine la función”.

Después de saludarlo y felicitarlo, le propusimos hacer la producción al día siguiente en alguna playa. Y ahí comprendí que no era justificada la mala fama de chinchudo que le habían hecho. Su respuesta fue: “- Ok… Mañana a las 13.00 hs en punto los paso a buscar por el Hotel Hermitage”.

Al otro día media hora antes ya estábamos sentados en la escalera del hotel. Ni siquiera habíamos almorzado. Toda una página de LA RAZON, estaba en blanco esperando aquella nota y nuestra ansiedad era desbordante.

Charlando con él en su Circo de la Avenida Juan B. Justo, en Palermo.

Jorge tenía como secretario y chofer a su hermano Tito. Pero en aquella ocasión apareció solo, manejando su Mercedes Benz. Subimos y nos dijo:

“-Hacemos la producción como ustedes me pidieron, traje la ropa, la palita y lo demás, pero vamos a Mar Chiquita, en una playa donde no hay haya demasiada gente”. No lo podíamos creer.

Llegamos, paró frente a un restaurante y dijo: “Voy a pedir permiso aquí para cambiarme. Ya vuelvo”. Y volvió con su malla de los años 20, un sombrero onda Piluso, el baldecito y la palita”. Una imagen soberbia. Cruzamos la calle, bajamos a la playa y el fotógrafo se hizo un picnic con su cámara.

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Terminamos las fotos y la charla y ya eran más de las tres de la tarde. Porcel me dijo: “-¿Salió todo bien, no? Me imagino que están muertos de hambre como yo. Pero no se hagan problemas, reservé una mesa para tres en el restaurante de enfrente. Instálense ustedes mientras yo me cambio en el baño”.

Porcel con el traje de payaso, seguramente el que mejor le quedaba.

Comimos como reyes, pagó él, y volvió a transformarse en nuestro chofer hasta la puerta del Hermitage. La página del diario ya estaba cubierta. Aquel enorme gesto de Porcel me demostró que tenía la humildad de los grandes y que no tenía el mal carácter del que se hablaba, al menos con nosotros.

Unos años después instaló su propio Circo en Palermo, sobre Avenida Juan B. Justo donde actualmente hay una importante Mezquita. No le fue muy bien, no fue un buen negocio pero sirvió para que lo entrevistara nuevamente, esta vez para la Revista GENTE. Allí también hicimos una interesante producción fotográfica.

La última vez que lo vi, ya se había instalado en Miami. Había sufrido un ACV y su dicción era lenta y no muy clara. Fui a esperarlo al aeropuerto de Ezeiza y allí lo entrevisté por última vez, en esta ocasión para la Revista FLASH, en el 2003.

Cuando me vio, tenía una mirada medio perdida, pero luego de vacilar unos segundos me dijo.-“Hola, Marrazzi”. Eso me alentó a hacerle varias otras preguntas que respondió con alguna dificultad.

Se había radicado en Estados Unidos en 1990, (después de la muerte de Olmedo), con su mujer Olga y su hija María. Allí adoptó la religión protestante, fue contratado por la cadena Telemundo y filmó junto a Al Pacino, la película “Cartlito´s Way”.

Murió en Estados Unidos, el 16 de mayo del 2006, en un hospital de La Florida, de un paro cardiorespiratorio. “Gracias por tantos lindos momentos, Jorge”, pensé aquel día, mientras escribía su necrológica para el diario CRONICA.

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