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LA COCINA DE MI VIEJA LUGAR DE ADOCTRINAMIENTO CULTURAL

por Carlos Taphanel 

Sorprendeme me dije, cuando me propusieron escribir en la «Buena Estrella», la columna de » Política Cultural» Seguramente ya alguien está diciendo ¿en la?, para que el artículo «la», tan grasa, tan de «negro cabeza». Será porque soy Homo conurbanesis. Porque pienso en una estrella y pienso «ella» …¡ Noooo…, animal patriarcal sin deconstruir, es «elle» o «le». Que Quilombo, ya me perdí.  

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Y pienso: así andamos diciéndonos cómo y de que manera escribir pensar,actuar. Quedándonos estáticos creyendo que nos movemos en un devenir de cuestiones dialécticas, dialógicas en esta era del post/post modernismo (ni siquiera tiene nombre, y el segundo post es de postnet). Pero no, al menos creo, aunque esto de creer y la fe está devaluado, nos quedamos como pintura medieval, en pleno oscurantismo en un mismo plano y sin perspectiva. 

Vamos por un universo donde los vanguardistas nos dicen que es lo de avanzada como viejos apotegmas de verdades únicas y conservadoras aunque usen pilchas nuevas.

Y ahí está la Cultura y ese afán eurocentrista, blanco, colonial de confundirla con el Arte. En todo caso las artes son nuestras muestras y formas de traducir la cultura dentro de un contexto social económico y político en movimiento, los que saben le dicen » sublimación «, aunque a veces de sublime tiene poco.

¡¡Que chabón culto!!! , decimos de un «kia» que leyó unos libros más que nosotros. Y por supuesto lo parece, frente a millones que escriben en 140 caracteres, postean en  face y creen que pueden debatir sin fundamento cualquier cosa.

Adónde vas, Quo vadis, Tapha:… a la mierda en esta cultura frita y llena de invasion de inmediatez y mercado.

CULTURA ES POLÍTICA, Y LA POLITICA ES CULTURA, me dice mi cabecita tilinga.

El sentarse a tomar mates en la cocina,  el cómo hacer las torta fritas, las empanadas en ese lugar de encuentro con olor a vieja y vecinas de visitas. La cocina de colores nuestros. De la mesa siempre con un amigo más que formaba, o forma parte de nuestro cotidiano,  nuestro tío solterón, el hermano que vuelve después de separarse, o ese que se quedó para siempre porque lo elegimos y nos eligió como familia. Ese cotidiano de entre casa que fueron decisiones políticas de los viejos. Y que tal vez por eso miramos la vida de una  manera y no de otra. Con la cultura del barrio sintetizada en las cocinas de nuestras casas y la de nuestros amigos. La placita, la murga, «el clú».

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Gracias a esa cultura del cómo hacer el mate, las tortas fritas o el vermú, tomamos decisiones políticas. Por eso en mi primera columna, y a modo de presentación quise decir gracias al barrio por haberme dado su cultura y con eso tomar decisiones políticas adoctrinado enla cocina de la casa mi vieja.

Ya habrá tiempo de escribir de cosas más serias  pero circunstanciales de lo politicacultural que busca su espacio en lo derechos de nuestra pluri identidad.

Hasta la próxima.

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