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MERCEDES SOSA, CHABUCA GRANDA Y PERÚ

Conocí a Mercedes Sosa personalmente una noche de 1978, en Quilmes. La entrevista fue muy breve, porque ella estaba muy triste. La dictadura militar la perseguía desde 1976, la habían amenazado y habían atentado contra ella en varias oportunidades.

Chabuca Granda, la mayor voz femenina del Perú, nos recibió cantando en torno a nuestra cena de recepción.

En 1978 además había fallecido su segunda pareja Pocho Mazzitelli, el hombre que más amó. Su primer matrimonio fue con Oscar Matus, el padre de su hijo Fabián, quien la dejó por otra cantante cuando el niño tenía 8 años.

Esa noche de 1978, la policía llegó al lugar donde iba a cantar y donde yo la entrevisté, y le prohibió actuar. Mercedes estaba en la lista de “figuras prohibidas” que habían conformado las tres AAA (Alianza Anticomunista Argentina).

Devolvió la plata de las entradas y se volvió muy mal a Capital. En 1979 se fue con su hijo al exilio, primero a España y luego a París. Retornó en 1983 con la democracia y en 1984 volví a entrevistarla, ya totalmente instalada en Buenos Aires. (De ese día es la foto que ilustra esta nota).

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Pero antes, en junio de 1980, me enviaron con un grupo de diez periodistas a Perú. El sello discográfico Microfón nos pagó el viaje y la estadía para que entrevistáramos a Camilo Sexto y Angela Carrasco, quienes venían por primera vez a la Argentina para actuar juntos. Apenas aterrizamos nos trasladaron al Sheraton de Lima, donde ya estaban los cantantes.

Con Mercedes Sosa, la segunda vez que pude entrevistarla, a su vuelta del exilio.

Nos registramos, subimos los equipajes y cuando bajamos ya estaba lista la cena para los diez periodistas, cuatro directivos del sello discográfico y la pareja de artistas. Nos recibieron con los clásicos Pizco Sour y Ceviche, mientras esperábamos a Camilo y Angela. De pronto, el director de Microfón Perú se puso de pie y nos dijo: -“Señores, mientras cenamos, cantará solo para nosotros una de nuestras mayores voces femeninas”.

Y apareció por una escalera nada menos que Chabuca Granda, acompañada por dos guitarristas y un cajonero e interpretando “Fina estampa”, “La flor de la canela” y otros de sus temas más conocidos.

En ese momento pensé: “Es como si en Buenos Aires nos cantara Mercedes Sosa sólo para nosotros”. Otro privilegio exquisito que me brindaba el Periodismo.

Era la voz femenina más importante de aquel país y cantó sólo para nosotros caminando en torno a la larga mesa. Al poco tiempo llegaron Camilo Sexto y Angela Carrasco a quienes entrevistamos por turno después de los postres.

Como nos quedaba tiempo libre al día siguiente visitamos con algunos colegas las ruinas Incas de Puruchuco y el paquetísimo barrio de Miraflores, junto al Oceáno Pacífico.

Charlando con Camilo Sesto y Angela Carrasco en el Sheraton de Lima.

Mi idea era ir también a Machu Picchu, con un amigo del Diario Popular, pero cuando llamé a LA RAZÓN, para saber si podía quedarme allí cuatro días más, me dijeron que debía volver con todo el grupo y los cantantes ese mismo día, porque habían internado a Luis Sandrini en el Sanatorio Güemes, estaba muy grave, y debíamos hacer guardias de 8 horas por turno, para informar en el diario sobre su evolución.

Pero ese tema y la segunda parte de mi relación con Camilo y Angela, se las contaré en la próxima oportunidad, porque las dos cosas tuvieron derivaciones dignas de integrar otra historia.

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