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Miguel Filippini
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Miguel Filippini, un argentino en París

Por Liliana Paz

Miguel Filippini, un gran artista que nació en Corrientes y dio un gran salto artístico y geográfico instalándose en Francia, precisamente en París, desde hace varios años. Su madre era cantante célebre. Ya de adolescente pisaba los escenarios como bailarín del “Ballet de Salta” y “Ballet de El Chúcaro y Norma Viola”, pero eso no fue todo. El polifacético artista también es un gran cantante y compositor, compone letra y música. Viajó por el mundo y demostró sus grandes aptitudes. Y como si esto fuera poco está escribiendo su cuarto libro.

Miguel Filippini

-Miguel has hecho un gran recorrido por el mundo del espectáculo.  Cuéntanos, ¿cómo te sentís después de tantos años de carrera?
-Debería hacer un gran ejercicio de memoria y darte el orden cronológico de mi carrera extensa, ya que empecé muy joven a recorrer el camino del arte. Si tuviera que empezar de nuevo haría el mismo recorrido; estoy más que conforme con esta pasión que se convirtió en mi profesión y llenó todas mis expectativas de vida.

-Actualmente  vivís en Francia. ¿Qué te dio laboralmente ese maravilloso país en estos años?
-Francia me dio su afecto, su amor, su cultura y tres hermosos hijos que no es poco; por el contrario no sé si yo le di tanto como recibí de ella. Esta historia de amor entre París y yo continua intacta, y desde aquí mi proyección artística fue mayor porque considero que esta ciudad es la gran obra de la colectividad humana y laboral. Artísticamente me abrió muchos caminos, donde pude poner a prueba toda mi capacidad artística y espiritual. 

-Naciste en Corrientes en el seno de una familia de artistas. ¿Crees que ello influyó en tu carrera?
-Si, yo nací en Goya, Corrientes, en nuestro litoral argentino o Mesopotámico. Mi adolescencia transcurrió en Salta, o sea que llevo siempre conmigo esos dos paisajes que me siguen donde voy, ya que sostengo que el hombre es la vital proyección de su paisaje. ¿Y si hubo una influencia genética artísticamente hablando? Te diré que mi madre fue una cantante de trayectoria, la apodaban “la criollita» y seguramente algo siempre se hereda y se retransmite.

-La danza forma parte de tu vida, ya que de adolescente integraste el «Ballet de Salta», «Ballet del Chúcaro y Norma Viola» entre otros. ¿Qué recuerdos tienes de ellos?
-Efectivamente, la danza fue el puntapié inicial de mis inquietudes artísticas. A través de la expresión corporal me di cuenta de que poseía ciertas aptitudes para lo emocional y estético, lo que me permitió incursionar en grupos y/o ballets de renombres como  el Chúcaro y Norma Viola; “El Ballet Salta”, de Hugo Jiménez y Mariana Tondini; de Mario Machaco en Caño 14, el que fuera el templo del tango donde compartí escenario con los mejores de nuestra música ciudadana: Goyeneche, Rubén Juárez, Atilio Stampone, Néstor Fabián, Enrique Mario Francini por nombrar algunos. Y, naturalmente, el ballet de una de nuestras vedette,  Violeta Montenegro. Luego formé mi propio ballet y recorrí el mundo hasta que una vez instalado en España aproveché para desarrollar otras de mis facetas, la de  showman, con marcado éxito, debo reconocerlo; los artículos de prensa pueden corroborarlo fehacientemente.

 -¿Podes hablarnos de tus giras a Portugal, España,  Roma, Holanda entre otros países?
-Mi periplo artístico es y fue tan imprevisible como excitante, debo reconocerlo, pero siempre me quedo con lo que considero más importante y son los encuentros humanos que de eso se trata  la vida de un artista. Tuve encuentros mágicos como en Sudáfrica, una gira de tres meses junto a figuras de trayectoria internacional como Astrud Gilberto, José Feliciano,  Petula Clarck,  Bonnie Tyler,  Lenny Kravitz, Peter Sellers, Pierre Richard, Eva Ayllón, Mercedes Sosa, Soledad Bravo,  Ángel Parra, por citar algunos momentos que quedaran grabados a fuego en mi corazón y en mi memoria.

-Háblanos de tu discografía.
-Mi discografía marca varias, etapas: mi primer disco en solitario como cantautor a comienzos de 1982, luego como cantor y ejecutante en 1987 con el grupo de Raúl Barboza, con quien tuve el honor de llevar el chamamé por primera vez a la opera de Frankfurt. Posteriormente mi primera incursión en el tango en 1989, bajo el sello de Carrière, un disco, con la brillante orquesta del maestro Juan Carlos Carrasco, y la no menos brillante orquesta Strapatta, dirigida por mi amigo y gran músico Gustavo Gancedo.

He participado en varios espectáculos  de tango, entre ellos uno dirigido por Coco Orlando Días y musicalizado por Jorge Dragone, y mi último trabajo musical «Confidencial Tango», con temas originales de mi autoría, además estoy  aprovechando este encierro obligatorio para preparar mi próximo larga duración. Y para hablar de mi lado de escritor, te comento que  comencé a destilar los primeros renglones que llevará como título: «Altos muros y vacuos terraplenes»

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-Tangos,  milongas, chamamé, pero también ritmos sudamericanos forman parte de tu repertorio. ¿Cuál de estos ritmos te seduce más?
-Como buen melómano que soy pronunciarme definitivamente por uno sólo sería muy difícil. Amo la música por sobre todas las cosas, muchos ritmos de nuestra América Latina  me seducen y me enamoran, tal como los valses peruanos, un joropo venezolano, una cueca chilena, sin olvidar naturalmente a nuestro tango y nuestro querido folklore,  rítmicamente muy ricos.

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