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TITO LECTOURE, MONZÓN, PALITO Y DRÁCULA

Por Eduardo Marrazzi

En 1970, gracias a mi tía Celia, una de las hermanas de mi madre, entré a trabajar como empleado en Industrias Eléctricas de Quilmes (Ericsson), popularmente conocida en la zona como “La Lamparita”. Primero pasé por dos oficinas de la fábrica y finalmente recalé en la sección Ventas de la empresa. Trabajé allí hasta octubre de 1977. El 1° de noviembre, al día siguiente, ingresé al Diario EL SOL de Quilmes y dos meses después me llamaron de LA RAZON, donde comencé como cronista de la sección Espectáculos y llegué a ser Sub-Jefe de ese sector, en 1989.

Con Carlos Monzón, cubriendo una de sus fiestas de cumpleaños para el diario LA RAZON. 7 de Agosto de 1978.

Ahora vuelvo al comienzo, a los pocos días de llegar a Buenos Aires fui a vivir a una pensión en el centro de Quilmes y empecé a estudiar Relaciones Públicas en un instituto de Avellaneda. Me recibí a los dos años y en 1973, ya casado, empecé a estudiar Periodismo en Capital Federal, en la Escuela Argentina de Periodismo, donde me recibí en 1976 como Licenciado en Ciencias de la Información. Pero antes de recibirme y como no hacíamos demasiadas prácticas y todo era teoría, con otros tres compañeros del curso formamos un equipo para empezar a hacer periodismo de Boxeo. Fuimos a ver a Tito Lectoure, el dueño del Luna Park y le dijimos si nos podía dar una cabina para transmitir las peleas. En realidad para grabar con cassettes que luego “enviaríamos” a una radio de Río Negro. Tito nos dijo que sí, y empezamos a grabar peleas en una época en la que ya Carlos Monzón era Campeón del Mundo y ascendían cada vez más otros dos campeones: Víctor Galíndez y Horacio “La Pantera” Saldaño.

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Uno de mis compañeros relataba la pelea, otro la comentaba, un tercero hacía las veces de locutor y yo me ocupaba de las entrevistas en los vestuarios al terminar las contiendas. La tarea no era muy grata, sobre todo cuando tenía que entrevistar al perdedor de la pelea machucado y con moretones.

Eso fue entre 1975 y 1976. Dos periodistas muy conocidos nos solían ayudar con datos importantes. Ellos eran Carlos Irusta y

Ulises Barrera. Este último un hombre de una cultura muy amplia, muy caballero y muy solidario.

Con Palito Ortega en el mismo cumpleaños de Carlos Monzón, en un restaurante de Olivos. Mi primera nota con él.

Dos secuelas me quedaron de esos tiempos, una fue que con el paso de los años estuve varias veces en los cumpleaños de Carlos Monzón cubriendo la celebración para el diario La Razón, y la otra fue mi relación con Tito Lectoure. En uno de esos cumpleaños del campeón, al que asistía mucha gente de la farándula, conocí a uno de mis mayores ídolos de la adolescencia, Palito Ortega, a quien luego entrevistaría varias veces por distintos motivos. Y la otra secuela fue que en 1991, Pepito Cibrián logró convencer a Lectoure para estrenar en el Luna Park su comedia musical “Drácula” y tuve que cubrir el estreno. La cuarta fila estaba reservada especialmente para el Periodismo. La butaca de mi derecha estuvo desocupada hasta cinco minutos antes de comenzar la función. Con enorme sorpresa vi que en ella se sentaba Lectoure. Antes de que se apagaran las luces le dije: “Tito debo decirle algo que llevo como una mochila en el alma desde hace más de 15 años. En 1975. Cuatro estudiantes le pedimos a usted una cabina de periodistas para grabar las peleas (supuestamente) para una radio de Río Negro y eso no era cierto, sólo queríamos hacer práctica para la Escuela de Periodismo”.

Y para mi enorme sorpresa, Tito me respondió sonriendo: -“Yo me di cuenta que me mentían, pero los vi tan entusiasmados y con tantas energías que les concedí la cabina. No se haga más problemas. Por lo visto a usted le fue bien en la profesión, está en la cuarta fila, integrando una lista de periodistas de renombre, especialmente invitados para este estreno. Ahora disfrutemos de “Drácula”… Y se apagaron las luces.

(Yo ya había estado en el Luna Park viendo un gran espectáculo, fue en 1981, cuando vino Frank Sinatra a Buenos Aires. Pero esa es otra historia). Ya se las contaré.

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