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Un tango para el Papa Francisco

Por Liliana Paz

Muni Rivero, hijo del reconocido cantante Edmundo Rivero, comenzó siendo profesor de folklore y luego el tango le acaparó su corazón; sería un amor para siempre. A los 22 debutó en La Botica del Angel y manejó por años la tanguería El Viejo Almacén, en una de cuyas ventanas Sabato escribió páginas enteras de “Sobre héroes y tumbas”. Un cantante sensible y con personalidad,  reflejando en cada interpretación un estilo inconfundible.

-¿Qué sentiste cuando tu padre te entregó la guitarra y te dijo: “Con esta guitarra vas a entrar del rancho más humilde  a la mansión más grande, pero siempre con respeto”?
-Esas palabras  siempre las tengo presente.  A los 10 años yo le pedí a mi papá una guitarra, y después de insistir, cuando llegó de una gira, me entregó la guitarra firmada por él,  en el año 1953. Y me dijo esas palabras. A medida que fui avanzando con esa guitarra, me tocó estar en el rancho más humilde hasta la mansión más grande. Pero, he compartido la guitarra con gente muy importante: Presidentes, Intendentes, Princesas, Príncipe de Mónaco y siempre con respeto, eso me marcó para toda la vida.  

-Escribiste un tango para el Papa Francisco, ¿qué nos puedes contar al respecto?
-Lo del Papa Francisco fue increíble. Escucho por radio que el Papa era admirador de Azucena Maizani, que le gustaba mucho el tango y que antes de ser seminarista lo había bailado. También tuve la suerte de hablar con el kiosquero de Rivadavia y San Martín, donde Bergoglio compraba el diario y algún CD de tango. Ahí nace la idea de escribir un tango al Papa Francisco. 

Lo llamo a mi colega Enrique Bugatti, un poeta extraordinario, y le dije de escribir un tango al Papa,  a lo cual me respondió que no, que era mucha responsabilidad.  A los veinte minutos me llamó y me dijo: «Te regalo esta frase, ya te has puesto a trabajar, con tu espíritu tan noble, más creyentes, menos pobres, seguro que lograrás». Le digo que continúe y me dijo que no. Pero me vuelve a llamar y me regala otra frase y así fue que en menos de ocho horas se compuso la letra. Por mi parte, la Virgen me iluminó, y en dos horas compuse la música. Fui a SADAIC y me encontré con Colángelo y le pedí un arreglo para mi composición  y finalmente grabé con él. Fue el único homenaje que se le hizo al Papa Francisco; brindamos un show y cerramos con Colángelo con el tema dedicado al Papa.  

-¿Qué representa el tango para vos?
-El tango para mi representa todo, me crie con la música, mi abuela cantaba, mi tío tocaba música clásica.  Mis comienzos fueron con el folclore, pero cuando terminé el servicio militar incorporé el tango y cuando inauguraron La Botica del Angel, en 1966, me llamó Bergara Leumann, y así paso del folklore al tango. Nosotros decimos que el tango es la vida misma. Cuando el tango penetra en nuestro corazón representa nuestras costumbres,  nuestra cultura y la vida misma. Borges decía: «El tango crea un turbio pasado irreal, pero que de algún modo es cierto». Discépolo decía: » Es un sentimiento melancólico que además se baila». 

Tu reportorio es muy extenso: ¿cómo elegís el tema a cantar?
-La mayoría de los cantantes tenemos un repertorio extenso. Como soy cantautor canto de acuerdo al público que haya, tratando de estrenar siempre algún tango. Son aproximadamente veinte los tangos que más pide el público. 

-¿Qué recuerdos tienes del El Viejo Almacén?
-Sobre El Viejo Almacén podríamos escribir varios libros. Además de cantautor soy empresario. Mi padre sólo iba a cantar, mi hermano se ocupaba del personal y yo de lo artístico,  de lo comercial y de la promoción. También tuve la oportunidad de salir con el show del  El Viejo Almacén al interior del país, a Europa, a los Estados Unidos.  Tengo recuerdos muy gratos. Durante treinta años llegaron personas de todos lados: los Reyes de España,  Sara Montiel, Charles Aznavour, Vittorio Gassman, Olga Guillot, Presidentes, Embajadores, etc…

-“El cantor” fue dedicado a tu papá, ¿cómo surgió?
-La idea de dedicarle a mi padre una letra hermosa, que yo musicalice canté y grabé, fue de Enrique Bugatti.  Pinta la vida de mi padre. También tengo un poema dedicado a él,  que se llama «De hombre a hombre», le cuento lo que no le pude decir mientras él vivió. 

-¿Cómo era tu padre?
-Mi padre era introvertido, de una cultura universal, de muy pocas palabras. Incursionó en todo tipo de canciones tradicionales y criollas. Amó su profesión, entregó su vida. Él tenía problemas en el miocardio y el médico le prohibió cantar, pero igual siguió cantando. Entregó su vida por el canto. De chico estudió guitarra y llegó a ser concertista. Se impuso con su presencia y su voz. Era un gaucho en la ciudad, eso era mi padre. 

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-¿Cuáles son tus proyectos?
-Mi hijo mayor Edmund “Pelu” Rivero escribió un libreto que se llama «Sur tango show»; inauguramos este espectáculo cerrando el Festival Bienal en Buenos Aires, hicimos Río Grande y Ushuaia.  Luego apareció la pandemia,  pero retomamos en tres meses. Estamos haciendo un documental con la vida de mi padre, estimo que estará en octubre. Vamos a presentar «Sur tango show» con el documental. Somos veintitrés personas en escena, donde contamos la historia del tango desde sus inicios hasta la actualidad, pasando por la historia de la familia Rivero.

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