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Una experiencia colectiva ideada por Delia Cancela y su hija que une a París y Buenos Aires

La iniciativa cuenta con la participación de varios artistas reconocidos, entre ellos Guillermo Kuitca, David Llamelas, Marie Orensanz, Juliette Lemontey, Marcella Barceló y Leandro Katz, así como la propia Cancela y Leeuwenburg.

Una madre y una hija, la artista Delia Cancela desde Buenos Aires y Celeste Leeuwenburg desde París, junto a Julia Nowodworski -también desde la capital francesa-, iniciaron un diálogo artístico que replica la modalidad del cadáver exquisito entre ambas ciudades y ya lleva reunidas 50 obras de creación colectiva que desde los tiempos de confinamiento y crisis sanitaria acercan afectos, distancias y proyectos futuros.

La experiencia, realizada en el marco de la pandemia por la Covid 19, permite asombrarse con resultados insospechados y propone construir entre varios artistas una obra. En este caso, dos continentes y tres artistas por obra construyen un cuerpo, una colección realizada entre Argentina y Francia de modo colectivo, donde lo lúdico también está no solo en cada parte, sino en su coordinación y ensamblado.

«La idea del cadáver exquisito es que son tres artistas que generan sin calcularlo una obra en conjunto», conceptualiza Leeuwenburg acerca de esta iniciativa desplegada en un tiempo extraño, sin muestras, ni curadores.

«Hacer un dibujo con alguien que no sabemos quién es» y descubrir las obras resultantes: «esa es la experiencia».

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La reconocida artista, que fue parte de las experiencias vanguardistas del Instituto Di Tella en los 60 y actualmente reside en Buenos Aires, relata que el proyecto surgió con el confinamiento en ambos países y la imposibilidad de viajar.

«Comencé a preguntarme cómo íbamos a hacer para sentirnos cerca, sintiendo que los viajes no iban a ser posibles, y ante la incertidumbre del futuro, por eso un poco el título de humor ácido, Nosotras cautivas». Y prosigue: «hablé con Celeste y de ahí surgió el proyecto al que se fueron sumando artistas de aquí y en Francia. Era sentir lo que nos podía unir a través del dibujo, a través de una virtualidad. Viviendo en Francia con Celeste niña era común jugar a los cadáveres exquisitos. Eran momentos mágicos que podíamos hacer entre madre e hija».

«Este juego gráfico o de escritura colectiva había sido inventado por los surrealistas, y en Francia es común jugarlo con los niños», explica.

A modo de prólogo, las artistas presentan la génesis del proyecto en las redes sociales: «Una tarde de otoño en Buenos Aires, una noche de primavera en París: ambos países atraviesan las mismas sensaciones, la incertidumbre del día después. Confinadas al mismo tiempo, una madre y una hija inician un diálogo artístico, un juego de cadáveres exquisitos entre los dos países».

Por su parte, en junio de 2020, Nowodworski escribía en su cuenta de Instagram: «En este clima de movilización, de aislamiento y de conexión, nace Nosotras Cautivas. Un proyecto que tengo el honor de llevar adelante junto a Delia Cancela y Celeste Leeuwenburg, para crear obras colectivas entre Francia y Argentina».

Inspiradas en el juego de creación colectiva popularizado como «cadáver exquisito» por los surrealistas europeos en 1925, las artistas llevaron la experiencia al plano digital, como manera de estar cerca. El proyecto tuvo su presentación formal durante la Noche de las Ideas, evento cultural que también se desplegó virtualmente a finales de enero en Argentina.

Salvando las distancias, uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta modalidad es «Cadavre exquis» (Cadáver exquisito, 1932), obra conjunta de Salvador Dalí, André Breton, Gala (Elena Ivanovna Diakonova) y Valentine Hugo creada probablemente en Port Lligat (Cataluña, España) que se encuentra en el Museo Reina Sofía (España). Ruth Gallego Fernández, que trabaja en el Departamento de Colecciones del prestigioso espacio, explica sobre la técnica: «La invención del ‘cadáver exquisito’ es un ejemplo del interés de los surrealistas por el juego, al azar y los aspectos incontrolados de la ejecución artística. Utilizado originalmente en el ámbito literario como técnica de creación colectiva, a través de ella se ponían en práctica las teorías del automatismo, al reducir al mínimo la intervención de la voluntad consciente del autor».

Cancela relata que tienen ya atesoradas unas 50 creaciones «constituidas de tres obras de diferentes artistas» -un total de 150- y que «cada obra no existe sin la obra del otro artista».

«Tenemos un enorme trabajo invitando a los artistas y recibiendo los dibujos. Me parece un proyecto precioso y estoy muy contenta de poder hacerlo», dice la artista.

Sobre los aproximadamente 60 artistas convocados que participan de la experiencia, las iniciadoras de este cadáver exquisito refieren que les gusta mantener el misterio sobre sus nombres en las creaciones, «porque cada artista no sabe quién hizo la obra anterior o la que continúa su obra, solamente lo que recibe es una pequeña línea, un punto, algo que hace que a partir de esa línea (pista) comience a hacer su obra».

«Nos gusta mantener ese misterio de quienes son para que se siga ese juego», comenta la hija fotógrafa y pintora de Cancela. En ese juego les gusta agrupar a los artistas consagrados con los que no lo son, así como con niños.

Para Leeuwenburg, es importante «mezclar a los artistas que no se conocen, pero que creemos que pueden tener una obra que les podría interesar para generar en algún momento ese encuentro; y también mezclar la obra de los artistas que se conocen, pero que nunca imaginaron hacer una obra juntos».

Con respecto a la técnica utilizada es libre, salvo por «el tamaño que tiene que ser respetado (hoja A4), para que pueda funcionar la conexión de las pistas entre un artista y el otro. Pero luego no le decimos qué hacer o con qué materiales trabajar en su hoja, y la temática también es totalmente libre», explica.

Por otro lado, indica que «el dibujo llega en formato digital y luego los imprimimos para replicar las pistas y recuperamos los originales, con el objetivo de hacer una muestra con los trabajos finales».

Este juego o excusa de contacto, de «unir» para «sentir» que hace el otro y de estar cerca, como se remarca en el proyecto «Nosotras cautivas» con la virtualidad como intermediaria, tiene como continuidad y deseo «un proyecto editorial» y muestras de las obras, como corolario material de un diálogo digital establecido en tiempos de distanciamiento social y distopía.

Fuente: http://Télam

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